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martes, 19 de septiembre de 2017

La belleza más bonita de todas

Podría decirse que era temprano por la mañana, el sol seguía sin haber salido el sol. Las sombras todavía alargadas desparramadas por la arena de la playa, y la espuma del mar bañaba la orilla con pereza.

Era uno de esos momentos en los que necesitaba bajar a refrescar mi mente. El ambiente cálido del hogar me embriagaba y adormecía mis ideas, el exterior me llamaba, y era ahora la hora ideal.

No llegaba a ser invierno todavía, pero el aire ya era de un frío cortante, así que procure bajar una manta conmigo para echarme a los hombros. 

No había un alma en la playa, tan solo se escuchaba el romper del oleaje y a las gaviotas, que levantaban el vuelo nada mas escuchar el crujir de la arena bajo mis pies. Así que saque mi cámara y empecé a fotografiar básicamente todo lo que veía: una flor blanca en las dunas, una gaviota en pleno vuelo, una ola rompiendo en la orilla...hasta que de repente escuche a alguien toser, más parecido a un trueno que a un tosido.

Y lo vi.

Un pescador sentado sobre las rocas, mirando al horizonte, que ya empezaba a llenarse de colores acuosos y difuminados. Tendría cerca de 80 años, de barba blanca y descuidada y cejas espesas y revueltas. La cara bronceada por el sol, y muy fruncida, llena de arrugas y manchas. Llevaba un gorro de lana en la cabeza y un cortavientos para protegerse del frío y de la posible tormenta que se aproximaba por el oeste.

-No creo que vayas a conseguir fotos muy buenas si no te arriesgas a escalar por las rocas.- dijo sin mirarme.

Pero razón tenia. Siempre que bajaba a la playa me contentaba con fotografiar detalles de las dunas y de la orilla, nunca había sobrepasado las escarpadas rocas por miedo a golpear la cámara y dañar la lente.

- Y que es eso que hay al otro lado que merezca la pena ir?
Entonces el anciano giro la cabeza hacia mi, y me miro.

Tenia una mirada extraordinaria.

Eso es, fuera de lo ordinario.

Sus ojos eran color azul de un día de junio, de un azul brillante y alegre, pero a la vez profundo como el mar. Su piel morena resaltaba mas ese azul. Es como tener el cielo en los ojos.

-La vida misma esta ahí fuera, niña, y si no te arriesgas no vas a conseguir nada.



El hombre estaba en lo cierto, al otro lado había un pueblo pesquero escondido entre rocas y acantilados al que, mas tarde, aprendí que se podía acceder por un estrecho paseo que atravesaba el bosque.

Años después encontré esta foto entre aquellas que rescate del baúl de los recuerdos. Y de todas las fotografias que guardo de aquellos años y de mi carrera como fotógrafa, no hay foto que hable tanto como esta. Aprendí que la belleza no tiene por que encontrarse en un amanecer o en el mar. Hay formas y formas de belleza, y aquellos ojos, ojos que habían visto miles de lugares y habían vivido miles de aventuras y desventuras, ojos testigos de glorosos acontecimientos...un rostro que reflejaba experiencia y juventud, alegría a la vez. Que de una sola imagen se puedan sacar historias como si de una novela se tratase. Esa es la belleza más bonita de todas. 

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