Se detuvo un momento a esperar al autobús, en donde solamente una anciana arrugada hojeaba una revista de hace meses. Ni levantó la mirada para mirarla, ella ensimismada en su mundo y en su música. La vieja la miró con detenimiento, por sus diminutas rendijas, como una fiera rastreando a su presa.
-Oye, chiquilla
Por fin, la joven levantó la mirada.
-Deja de mirar ya la pantalla, que el cielo es violeta.- y acto seguido se levantó para marcharse, revista bajo el brazo y gafas empañadas en el bolsillo de la chaqueta.
Efectivamente, el cielo estaba teñido como si de acuarela se tratase, algún pintor descuidado que había vertido el agua sucia de azules y malvas rosados sobre los algodones del cielo. Un trueno se escuchó, bastante próximo, introduciendo a la tromba de agua que caería a continuación. "I only want to see you laughing in the purple rain"
Se echó la bolsa al hombro y corrió cuesta abajo en dirección a la playa. Dejó caer sus pertenencias entre un arbusto a un lado del paseo y corrió. Más bien voló, no había carga que pesara a sus piernas llenas de moratones y cicatrices, ni peso sobre su espalda que le hiciera caminar cabizbaja mirando sólo por dónde pisaban sus adormecidos pies.

Tiró la chaqueta empapada antes de sumergirse de lleno en un mar de un grisáceo alegre, con reminiscencias lilas y malvas. El frío de las aguas de octubre recorrió su espina dorsal desde el punto más bajo hasta la nuca, llegando a congelar también las sienes y sangre.
No sé qué reacción se llevaría a cabo, pero al salir de nuevo a la superficie rompió en una carcajada limpia y clara. Se peinó sus cabellos hacia atrás, y volvió a zambullirse una y otra vez. Al parecer las aguas frías curan las desoledades.

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